EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 30º DEL TIEMPO ORDINARIO, 27 DE OCTUBRE 2021-CICLO B-Lc 13, 22-30: «LIGERO DE EQUIPAJE». ¡Qué maravilla luchar para ganar el cielo, porque la salvación no es un problema de Dios! A veces decimos que Dios nos castiga, que Dios es un policía que anda sólo a ver a qué hora nos agarra. Sin embargo, no es así. Me sorprendí un día cómo un niño iba de paseo y llevaba consigo un paquetito de comida, como envuelta en un envase de aluminio, empacada al vacío. Y decía que era sabrosísima. Ahí estaba toda la comida: ensalada, bistec y postre. Y además, al solo abrir el paquete, se produjo una reacción química al contacto con el aire, y la comida se calentó y sabía riquísima. El paquete decía: "Esto no es para vender. Es propiedad y para uso de las fuerzas armadas". Yo dije: "¡Cómo disfrutan los soldados, cuando en un lugar perdido o en el desierto... hacen sus prácticas! ¡Qué equipaje tan ligero! Así que cuando andamos en la vida luchando es bueno andar "ligeros de equipaje". Hoy también se habla de comida baja en calorías, baja en grasa, etc. ¡Qué bueno andar comiendo sanamente! Pero, también esto puede aplicarse en cierta manera a la vida espiritual. No estoy hablando de vivir una vida como "católico light". Lo cierto es que sí nos toca vivir una vida desprendiéndonos de lo innecesario. Al cielo se entra "ligero de equipaje". AL CIELO SE ENTRA LIGERO DE EQUIPAJE. Jesús iba de camino hacia Jerusalén y recorría ciudades y aldeas enseñando para ganarse el cielo. Y en el camino le hacen la pregunta del millón: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?". Jesús habla de la salvación, del Reino de los cielos. La pregunta también es para mí interesante, porque yo quiero salvarme. Y más interesante es la respuesta de Jesús: "Esfuércense por entrar por la puerta estrecha". ¿Sólo entran los flacos? Parecería, pues la puerta es estrecha. Pero no se trata de flacos físicamente hablando. Jesús está hablando, en cierta manera de "ligeros de equipaje". Jesús nos dice que son pocos los que se salvarán, pero en otro pasaje nos dice que Dios envió a su hijo no para condenar al mundo sino para salvarlo, (Jn 3, 17) y quiere que todos los hombres se salven (1 Tim 2, 1-4). Dios no tiene preferencias, sino las preferencias de Dios somos todos. Y la salvación es un problema nuestro. Ligeros de equipaje significa: No apegarnos a nada, pues nada nos llevaremos a la otra vida. Nuestro corazón debe estar ocupado sólo en amar a Dios, como San Agustín dice: "Nos hiciste, Señor para Ti". Amar a Dios en todo lo que tenemos y sólo buscar a Dios en lo que tenemos. Por eso, la vida se podría definir como "el espacio en que limpiamos nuestra alma, para que no se nos pegue nada del mundo, y negándonos así podamos llegar Dios". Jesús dirá: "Esfuércense por entrar por la puerta estrecha". La puerta siempre está abierta. Dios siempre la deja abierta, pero habrá un momento en que la puerta se cierre. QUE DIOS ME AGARRE CONFESADO. La puerta se cierra en un cierto momento. Por eso muchos dicen: "Que Dios que me agarre confesado". Pero, lo mejor es siempre estar limpio, preparado porque el tiempo para entrar por la puerta no lo sabes. Al ser llamados, debemos encontrarnos ligeros de equipaje. No puedo presumir a Dios las etiquetas que me he puesto por fuera. Al Señor hay que abrirle el corazón, dejando a un lado lo que no sea de Él ni nos lleve a Él. Sólo Dios basta para el corazón. A mí me encantan esas personas que, en su sencillez, le van abriendo su corazón a Dios. Y en su sencillez son grandes por dentro. De esas personas hay millones en esta vida. Por eso este mundo no está tan mal, como se dice. Escondidas en las casas hay miles de personas que son santos, hombres de verdad, que tienen la maestría más grande de la vida: El amor. Todos los días se encuentran y viven con Dios y de Dios. Al cielo entran los que en silencio vivieron la Voluntad de Dios en cada momento. Eso significa ser ligeros equipaje. No cargas nada. Sólo el cumplimiento silencioso de la Voluntad de Dios. LIGERA DE EQUIPAJE: MARÍA. Para terminar, me y les recuerdo que María es la primera ligera de equipaje. María, quien sólo fue lo que tuvo que ser; y llegó a ser lo que tuvo que ser, diciendo "SÍ" en cada instante. Ella, la primera, supo que la salvación no es un problema de Dios, sino de cada uno de nosotros manteniéndonos ligeros en la vida, amando sólo al que nos creó y encontrándonos con Él al fin de la vida. ¡Bendiciones mías y de Papá Dios! P. Salvador Gómez, L.C.