EVANGELIO DEL MARTES 30º DEL TIEMPO ORDINARIO, 30 DE OCTUBRE 2018-CICLO B-Lc 13, 18-21: «¡QUE LA VIRGEN TE CUBRA CON SU MANTO!». "¡Que Dios te bendiga!", escuchamos muchas veces. Pero yo llevo ya tiempo escuchando: "¡Que la Virgen te cubra con su manto!". No sé si yo lo aprendí de ustedes o ustedes también lo han ido aprendiendo de mí. A mí me gusta mucho esta expresión: ¡Que la Virgen te cubra con su manto!, o la otra: ¡Que la Virgen te cobije con su manto!, porque puede expresar alguna cosita más. Cobijar no es lo mismo que cubrir, aunque se parece. Y estoy acordándome de aquella historia del abuelo que llamó al hijo y le pidió si podría tener un lugar para él en su casa: "Mira que estoy solo, mira que no tengo nadie quien me acompañe, me gustaría estar en tu casa. Yo sé que tú me quieres mucho". El hijo simplemente le respondió: "Tú sabes que estamos casados y tengo que consultarlo con mi esposa". Hizo la consulta y entonces el hijo le dio la respuesta: "Mira, papá, mi esposa no está muy conforme en que tú vengas, pero yo te voy a dar una cobija para que tú estés bien caliente". El papá llama a su hijo y le dice: "Ve a la habitación nuestra y trae una de las cobijas para dársela al abuelo". Al ver que el hijo tardaba en venir, fue a la habitación y encontró cortando en dos trozos la cobija. "¿Qué haces, hijo?". El hijo respondió: "Papá, vamos a darle la mitad al abuelo, y la otra mitad es para cuando tú me pidas si te puedo dejar en mi casa". ¡Tremenda lección para el papá. Por eso, no sólo digamos: ¡Que la Virgen te cobije con su manto!", sino que nosotros también debemos cobijar a los demás. COBIJAR A LOS DEMÁS. Ésa es la lección primera del Evangelio de hoy. Jesús dice el Reino de Dios se parece a un grano de mostaza, que un hombre sembró y se convirtió en un arbusto. ¿Quiénes ese hombre? A mí me parece que aquí está oculto, detrás de esa palabra, la figura de Papá Dios que es quien siembra esa semilla y la siembra en su Huerta. Tú y yo somos la Huerta del Señor. Dios sembró en el corazón de nosotros esa semilla de mostaza, que es el Reino de Dios, que está dentro de nosotros, sufre y lucha. Esa semilla está ahí sembrada desde el bautismo y está llamada a crecer. Ese crecimiento no sólo es porque Dios nos da la fuerza, sino además porque nos toca colaborar, poner nuestra parte: "Cuando tú pones tu casi nada, Dios pone su casi todo". Esa semilla de mostaza crece y crece y se convierte en un arbusto, y todo eso nos alegra porque el Reino de Dios es para cobijar en sus ramas. El reino de Dios no es sólo para disfrutarlo en términos personales, sino dentro de tu corazón está para que lo participes y vivas con la alegría y el entusiasmo de pertenecer al Reino de Dios. ¡Qué hermoso es vivir los hermanos unidos, y sobre todo unidos, porque Dios está dentro de nosotros por el Reino de Dios y el amor a Dios! Cobijar a cada uno de los que nos acompañan con el manto de nuestra caridad, de nuestra entrega, de nuestro testimonio, con el manto de la paz, de la armonía. SER LEVADURA PARA LOS DEMÁS. Jesús dice otra comparación: "El Reino de Dios es como una porción de levadura... Nosotros tenemos la fuerza regeneradora de este mundo, y está dentro de nuestro corazón. Se realiza cuando nos mezclamos con la gente, cuando vamos a participar, cuando damos testimonio. ¡Hermoso es que nos mezclemos, que no vivamos como islas! Somos semillas de amor, semillas de esperanza, para fermentar este mundo. Ésa es nuestra tarea, al igual que cubrir con el manto de la caridad, por el hecho de ser cristianos, de tener la fuerza regeneradora en esa semilla de mostaza que Dios sembró en nosotros, y por ser levadura. Dios puso en nosotros la fuerza para cambiar esta sociedad. Nos corresponde tomar conciencia para poder cobijar este mundo. No tenemos que ser egoístas y guardarnos algo para nosotros, porque entonces el egoísmo nos cobijará mañana y sufriremos por el egoísmo que cometimos en nuestra vida. Entreguémonos a cambiarnos a nosotros mismos, viviendo del amor y cobijar con el amor todo el alrededor de nuestra vida. De esa manera iremos también fermentando esa vida que nos rodea, para que el mundo sea un poquito mejor cada día, gracias al grano de mostaza sembrado por el Señor en nuestras vidas y gracias al fermento que Dios puso en nosotros el día del bautismo. ¡Bendiciones mías y de Papá Dios! P. Salvador Gómez, L.C. PONGO MI LINK DE FACEBOOK, por si alguno quiere hacer algún comentario o quiere contactarme: / frsgg