la tensión alcanza su punto máximo. Farah se encuentra en una situación desesperada, con sus enemigos más cerca que nunca. La lealtad de quienes la rodean se pone a prueba, y debe decidir en quién confiar para salvar a Kerim. Las decisiones que toma son cada vez más difíciles y arriesgadas, lo que la lleva a confrontaciones decisivas. Este capítulo destaca la lucha interna de Farah y su determinación por proteger a su hijo, mientras se revelan secretos que podrían cambiar el rumbo de su vida para siempre. El clímax del capítulo deja a los lectores al borde de sus asientos, anticipando las consecuencias de sus elecciones.