DOMINGO XXXII PER ANNUM CICLO C TEXTO: LUCAS 20,27-38  Pbro. Gabriel Jaime Gómez

DOMINGO XXXII PER ANNUM CICLO C TEXTO: LUCAS 20,27-38 Pbro. Gabriel Jaime Gómez

LECTIO DIVINA DOMINGO XXXII PER ANNUM CICLO C TEXTO: LUCAS 20,27-38 Pbro. Gabriel Jaime Gómez G. (Lic. en Teología Bíblica PUG, doctorando en teología UPB) I. LECTIO: ¿Qué dice el texto? 27 Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: 28 «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. 29 Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. 30 El segundo 31 y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. 32 Por último, también murió la mujer. 33 Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». 34 Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, 35 pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos, no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. 36 Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. 37 Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. 38 No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos». 39 Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro». Preguntas para reconstruir el texto: 1. ¿Quiénes se acercaron a Jesús y en qué no creen? 2. ¿Qué le dijeron a Jesús? 3. ¿Cuántos hermanos murieron sin tener hijos? 4. ¿Qué responde Jesús al planteamiento de los saduceos? 5. ¿Cómo muestra Jesús que los muertos resucitan? 6. ¿Qué dicen los escribas? El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús en su actividad ya en Jerusalén y de manera muy particular, la controversia con los miembros del Sanedrín, que había empezado en Lc 10,47, pero el texto ofrece el encuentro con el grupo de los saduceos, quienes pertenecían a la clase alta de Israel y habían nacido en la época de la dominación griega sobre Israel. Su característica doctrinal esencial está en la negación de la vida después de la muerte, de la resurrección, de los espíritus y sobre todo de la posibilidad de interpretar la Torah (el pentateuco) o de añadirle preceptos como habrían hecho los fariseos. La controversia sobre la resurrección parte de la ley judía del levirato, que consistía en que como todo hombre debía engendrar, si moría sin decendencia era necesario que su hermano o un familiar cercano se casara con la viuda y el hijo nacido se consideraba hijo del difunto para perpetuar su nombre (era la única manera de no morir definitivamente). Esta controversia se presenta ahora que Jesús ha llegado a la ciudad que lo verá morir y resucitar. La esperanza mesiánica no era solamente para los vivos sino para los difuntos porque la renovación incluye a todo Israel. Al acercarse el final del año litúrgico, los textos van siendo más escatológicos y empiezan a hablar de resurrección, de juicio, de evaluación. Hoy la liturgia dice a los fieles que “El rey del universo nos resucitará para una vida eterna” (primera lectura) y ese resucitar será un despertar en el gusto del ver el rostro de Dios (salmo) pero esto solo será posible cuando “El Señor nos dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas” (segunda lectura) Otros textos: 2 Macabeos 7, 1-2. 9-14 / Sal 17(16), 1bcde. 5-6. 8 y 15 / 2 Tesalonicenses 2, 16-3, 5. I. MEDITATIO: ¿Qué me dice el texto? 1. ¿Me he acercado a Jesús? ¿De qué manera concreta lo muestro? 2. ¿Creo en la resurrección de los muertos? 3. ¿Cómo estoy viviendo la vida de Dios en mí? 4. ¿Creo que seré juzgado digno? ¿Cómo lo demuestro? 5. ¿Qué me dice hoy esta Palabra? II. ORATIO: ¿Qué le digo a Dios a partir del texto? Oremos con un trozo del Salmo 17(16) Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. III. CONTEMPLATIO: ¿Cómo interiorizo el mensaje? Para el momento de la contemplación podemos repetir varias veces esta frase: «No es Dios de muertos, sino de vivos» IV. ACTIO: ¿A qué me comprometo? ¿A qué acciones concretas me lleva este evangelio? Oraré por los que no creen en la resurrección y se adhieren a doctrinas extrañas. ¿Qué elementos puedo dar a mi comunidad o en mi entorno a partir del texto? Como comunidad y grupo podemos buscar animar en la fe a quien se siente triste por la muerte de un ser querido. En el camino sinodal es fundamental aprender a acercarse al otro sin el ánimo de hacerlo caer y sin buscar su mal.