A veces nos la pasamos afanados por muchas razones. Constantemente estamos en búsqueda de alcanzar dinero, fama, posiciones y poder. Vivimos sumergidos en responsabilidades y compromisos que al final nos dejan vacíos, exhaustos y preguntándonos, ¿Cuál es realmente el propósito de mi vida? Es ahí donde Cristo nos llama hacia Él y nos invita, como a María, a que nos sentemos a sus pies, escuchemos su buena nueva y nos regocijemos en su presencia. ¡Suscríbete y sigue recibiendo alimento para el alma!